Tirano Files

Noticias, Reflexiones y Maledicencias del Mundo del Rol

Aquel cuartucho de apenas dos metros cuadrados no permitía demasiados movimientos, así que revisó la mirilla sólo para asegurarse de que no la había movido involuntariamente durante la última cabezada. Ese día nada debía fallar.

A pesar de ser de noche el bochorno del día y la falta de corriente aún no habían eliminado el calor que irradiaban las paredes del edificio. Ese calor, unido a la humedad y la falta de sueño le hizo sentir tentaciones de recurrir al frasco de pastillas de cafeina. Pero era mejor esperar. Necesitaba la mente despejada para lo que iba a hacer.

Sacó la última de las cajas de poliestireno de la bolsa y dió un bocado a la hamburguesa. - Cinco días - pensó mientras masticaba - Cinco jodidos días metido en este agujero alimentándome de restos de comida rápida. - Lo bueno era que por una vez le había sobrado tiempo, aunque sólo sirviera para desperdiciarlo en aquel cuchitril.


Dejó la hamburguesa reseca sobre el envase de plástico en el que se lo habían servido hacía casi una semana y las moscas volvieron a caer sobre ella para continuar con el festín. En cuestión de un par de minutos Delaware aparecería para el intercambio de información, el apretaría el gatillo y el zanajaría el asunto atravesando la cabeza de su interlocutor con un único disparo de su M40.

Volvió a poner el ojo sobre la mira telescópica y observó a través de ella en dirección a la acera contigua. Un paloma picoteaba entre los restos de un sandwich que alguien había dejado atrás en el banco a apenas veinte centímetros del lugar al que él estaba apuntando. Todo iba según lo previsto.

Ahí estás tú... - dijo para tranquilizarse al ver a la indigente empujando el carrito de la compra - ... y tú ... - la pareja afroamericana pasó junto al banco - ... y tú ... - Como si fuera un figurante perfectamente coordinado de una película, vio pasar al niño del sueter beige y Delaware se sentó exactamente dónde sabía que iba a hacerlo.

Tal vez porque conocía la conversación, pudo leer los labios de Delaware - ¿Te ha seguido alguien? - No hubo respuesta por parte de su interlocutor. Un profesional hubiera mantenido los ojos bien abiertos para lo que iba a hacer, pero él no lo necesitaba hacerlo; no sabía hacerlo.


Le habría gustado hacer alguna tontería, un último acto de valentía con el que rubricar un final digno de ser contado, pero ya había tentado su suerte demasiado hasta llegar a aquel punto. Se secó el sudor de las manos en el pantalón, apoyó el mentón y el hombro contra la culata como había visto hacerlo en las películas, echó un vistazo a través de la mirilla y apretó el gatillo.

Apurando lo que él llamaba su 'angel de la guarda', notó aquel zumbido característico entre los oidos incluso antes de que el gatillo terminara el recorrido y el percutor golpease la bala, ya estaba hecho. Un silbido cruzó desde la ventana en la que estaba apostado hasta el banco del parque atravesando las copas de los árboles.

Ahora Delaware tenía la chaqueta pulverizada de sangre y las manos llenas de nada - Sin soplón no habría arrestos, sin arrestos no habría investigación, sin investigación... - No llegó a terminar ese pensamiento. Cayó sobre el rifle y su cabeza golpeó aparatosamente el alfeizar de la ventana. - Suspiró mientras sentía su cuerpo desintegrarse sobre el suelo de tarima desgastado - Tres vidas a cambio de otras tres. Es lo justo.

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